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¿Quién vio los primeros microbios?

La respuesta corta

El comerciante holandés Antonie van Leeuwenhoek fue el primero en ver y describir microbios: el 9 de octubre de 1676 escribió a la Royal Society que había visto, con un microscopio casero de una sola lente, criaturas vivas tan pequeñas que calculó hasta un millón de ellas en una sola gota de agua con pimienta.

Fuente principal: Lane, Philosophical Transactions of the Royal Society B: Biological Sciences (2015) (3 fuentes) Revisado el · Cómo verificamos

Un comerciante de telas que pulía sus propias lentes

Antonie van Leeuwenhoek no tenía título universitario, no hablaba latín y nunca pisó un laboratorio formal. Vendía telas en Delft y, por las tardes, pulía sus propias lentes de vidrio con una técnica que mantenía en secreto: calentaba un hilo de vidrio al fuego hasta que la punta formaba una gotita esférica, que luego montaba entre dos placas de metal perforadas. El resultado no era un microscopio compuesto como los que ya existían —con dos o más lentes, populares entre los naturalistas de la época— sino un instrumento de una sola lente diminuta, del tamaño de la cabeza de un alfiler, que había que acercar casi al ojo para mirar a través de ella.

El 9 de octubre de 1676 le escribió una carta, en holandés, a Henry Oldenburg, el secretario de la Royal Society de Londres. Le contaba que había dejado agua con pimienta en infusión durante tres semanas y que, al mirarla con su lente, la encontró llena de criaturas que se movían. No eran manchas ni partículas de polvo: nadaban, cambiaban de dirección, algunas giraban sobre sí mismas. Leeuwenhoek intentó ponerles un número al fenómeno, no solo describirlo: calculó que en una sola gota de esa agua había más de un millón de seres vivos.[1] Para la ciencia de 1676, que todavía no tenía la palabra “microorganismo”, la cifra era casi inconcebible.

De la carta a la confirmación
  1. 9 oct. 1676

    Leeuwenhoek escribe a la Royal Society describiendo animálculos en agua con pimienta.

  2. 25 mar. 1677

    La Royal Society publica una versión resumida y traducida de la carta en Philosophical Transactions.

  3. may.-ago. 1677

    Leeuwenhoek envía ocho testimonios firmados por vecinos de Delft que confirman haber visto lo mismo.

  4. 11 y 18 nov. 1677

    Robert Hooke intenta replicar la observación y fracasa dos veces.

  5. 25 nov. 1677

    Hooke lo logra al tercer intento: ve los animálculos con su propio microscopio.

Fuente: Lane (2015), Phil. Trans. R. Soc. B; Lens on Leeuwenhoek, 'To confirm his observations'.

Cómo lo sabemos

La carta de 1676 no convenció a nadie por sí sola, y eso es parte de cómo se sabe que el hallazgo es real: no se aceptó por autoridad, se puso a prueba. Oldenburg le respondió pidiéndole que explicara su método “para que otros pudieran confirmar esas observaciones”.[1] Leeuwenhoek no tenía manera de prestar su microscopio —cada lente la fabricaba y ajustaba a mano, y no confiaba en que otros la usaran bien— así que, entre mayo y agosto de 1677, reunió ocho testimonios firmados por personas respetadas de Delft: dos pastores luteranos, un estudiante de medicina, un notario, un médico, un abogado. Cada uno miró por una de sus lentes y escribió lo que contó: el 18 de mayo, dos pastores reportaron al menos 200 criaturas vivas en una pequeñísima porción de agua; el 2 de junio, un estudiante de medicina contó hasta 20.000 en agua con pimienta; el 13 de agosto, otro testigo llegó a más de 30.000.

La prueba decisiva llegó de un rival, no de un aliado. Robert Hooke, curador de experimentos de la Royal Society y ya famoso por su libro Micrographia (1665), intentó repetir el experimento con su propio microscopio compuesto y fracasó dos veces, el 11 y el 18 de noviembre de 1677. Recién al tercer intento, el 25 de noviembre, Hooke vio los animálculos con sus propios ojos y se lo confirmó a la Royal Society.[1] A partir de ahí, la existencia de un mundo microscópico vivo dejó de ser la palabra de un comerciante sin credenciales y pasó a ser un hecho que la institución científica más importante de Europa respaldaba.

Trescientos cuarenta años después, en 2021, un equipo de la Universidad Técnica de Delft y el museo Rijksmuseum Boerhaave escaneó uno de los once microscopios originales de Leeuwenhoek que sobrevivieron —el que se conserva en el Museo de la Universidad de Utrecht— con tomografía de neutrones, una técnica que permite ver el interior de un objeto sin abrirlo. Confirmaron que su lente más potente aumentaba 266 veces, con una resolución de 1,35 micrómetros (lo bastante fina para distinguir una bacteria grande), y que estaba hecha con una técnica de esfera de vidrio fundida a la llama, no con un método secreto excepcional.[2] La ventaja de Leeuwenhoek no fue un truco óptico único: fue una paciencia y una destreza manual que nadie más tenía en ese momento, sumadas a mirar donde nadie más había mirado.

Lo que conviene no mezclar

Es común atribuirle a Robert Hooke el “descubrimiento de las células” y, por extensión, de los microbios, porque en 1665 —once años antes de la carta de Leeuwenhoek— publicó Micrographia, un libro de dibujos microscópicos que incluía un corte de corcho donde Hooke vio celdas vacías y acuñó la palabra “célula”. Pero Hooke miraba tejido muerto de una planta, estructuras visibles con cualquier microscopio compuesto de la época; no vio organismos vivos, unicelulares y en movimiento. Esa observación específica —un ser vivo microscópico, completo, nadando— es la que le corresponde a Leeuwenhoek, y la propia Royal Society lo reconoció así cuando Hooke, actuando como escéptico oficial, terminó siendo quien confirmó el hallazgo en 1677.

Tampoco conviene decir que Leeuwenhoek “descubrió las bacterias”: sus animálculos eran una mezcla de protozoos (organismos de una sola célula con núcleo) y, en sus observaciones posteriores más finas —como las que hizo en 1683 con el sarro de sus propios dientes—, probablemente también bacterias. No tenía manera de distinguir un tipo de otro; clasificaba lo que veía por tamaño y forma de movimiento, no por lo que hoy se llamaría una clasificación biológica. Habría que esperar dos siglos, hasta los trabajos de Pasteur y Koch, para que alguien probara que esos seres diminutos podían causar enfermedades.

Otras preguntas

¿Leeuwenhoek era científico de profesión?

No. Era comerciante de telas en Delft y funcionario municipal menor; pulía sus propias lentes como afición, sin formación universitaria ni dominio del latín, la lengua de la ciencia de su época. Por eso mandó sus cartas en holandés y dependió de Henry Oldenburg, secretario de la Royal Society, para traducirlas.

¿Por qué la Royal Society dudó tanto de él?

Porque lo que describía —cientos de miles de seres vivos invisibles en una gota de agua— no encajaba con nada conocido, y porque no era un filósofo natural reconocido. Le pidieron su método y testigos; él respondió con ocho testimonios firmados por vecinos de Delft, entre ellos un pastor, un notario y un abogado.

¿Robert Hooke no había visto ya cosas pequeñas con microscopio?

Sí: en 1665 Hooke publicó Micrographia, con dibujos de insectos y del corcho, donde acuñó la palabra 'célula'. Pero Hooke miraba estructuras de organismos visibles a simple vista; no había visto organismos unicelulares vivos y en movimiento hasta que replicó los experimentos de Leeuwenhoek en 1677.

¿Qué eran en realidad los 'animálculos' que vio?

Una mezcla de protozoos (organismos de una sola célula con núcleo, como ciliados y flagelados) y, en sus observaciones más finas —como el sarro de sus propios dientes—, bacterias. No tenía forma de distinguir un tipo de otro; los clasificaba por tamaño y forma de moverse.

Fuentes

  1. Lane N. The unseen world: reflections on Leeuwenhoek (1677) 'Concerning little animals' . Philosophical Transactions of the Royal Society B: Biological Sciences, 370(1666): 20140344 (2015). primaria Cita y analiza la carta original de 1676: "upwards of 1,000,000 living creatures in one drop of pepper-water"; los ocho testimonios enviados a la Royal Society; los tres intentos de Hooke hasta replicar la observación.
  2. Cocquyt T, Zhou Z, Plomp J, van Eijck L. Neutron tomography of Van Leeuwenhoek's microscopes . Science Advances, 7(20): eabf2402 (2021). primaria Escaneo del microscopio de Utrecht (uno de los 11 originales que se conservan): 266 aumentos, resolución de 1,35 µm, lente hecha de una esfera de vidrio fundida a la llama.
  3. Lens on Leeuwenhoek (Douglas Anderson). 1677: To confirm his observations . lensonleeuwenhoek.net (2026). primaria Fechas y cifras exactas de cada testimonio enviado a la Royal Society entre mayo y agosto de 1677, y las fechas de los tres intentos de Hooke (11, 18 y 25 de noviembre de 1677).

Publicado el 2 de noviembre de 2026. Revisado contra las fuentes el . ¿Ves un error? Avísanos.

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