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¿Cómo creó Mendeléiev la tabla periódica?

La respuesta corta

Mendeléiev presentó su tabla el 6 de marzo de 1869 ordenando los elementos por peso atómico y, donde las propiedades no encajaban, dejó huecos y predijo con números exactos tres elementos que nadie había visto: el galio, el escandio y el germanio, descubiertos entre 1875 y 1886.

Fuente principal: Dmitri Mendeléiev, Zeitschrift für Chemie (1869) (5 fuentes) Revisado el · Cómo verificamos

Diapositiva histórica con la tabla periódica de Mendeléiev de 1869, organizada por grupos y períodos
Foto: Mendeleyev, Dmitry Ivanovich, 1834-1907; Mazurs, Edward G · Dominio público · Wikimedia Commons

Ordenar por peso, dejar huecos a propósito

A mediados del siglo XIX ya se conocían unos 63 elementos químicos, pero nadie se ponía de acuerdo en cómo ordenarlos. Mendeléiev, profesor de química en San Petersburgo, los escribió en tarjetas —una por elemento, con su símbolo, su peso atómico y sus propiedades— y empezó a acomodarlas como quien arma un solitario: por peso atómico creciente, en filas que agrupaban elementos de comportamiento químico parecido.

El 6 de marzo de 1869 su colega Nikolai Menshutkin leyó ante la Sociedad Rusa de Química un informe con el título “Relación de las propiedades con los pesos atómicos de los elementos”. Mendeléiev no estaba presente. Ese mismo año, un resumen en alemán apareció en la revista Zeitschrift für Chemie, que fue la vía por la que la idea llegó a los químicos de Europa occidental.[1]

Lo que distinguió esa tabla de otros intentos de la época —el más parecido, el del alemán Lothar Meyer, salió casi al mismo tiempo— fue una decisión arriesgada: cuando un elemento no encajaba bien en la fila que le tocaba por peso, Mendeléiev prefería dejar un casillero vacío antes que forzarlo donde no correspondía. Y no se quedó en el hueco: en la sexta de las ocho conclusiones de su artículo de 1869 escribió que se podía “predecir el descubrimiento de muchos elementos nuevos, por ejemplo análogos del silicio y el aluminio, con pesos atómicos de 65 a 75”.[1]

Dos años más tarde, en un artículo más extenso, les puso nombre a esos huecos usando el prefijo sánscrito eka (“uno”, en el sentido de “uno más abajo”): eka-boro (debajo del boro, peso atómico estimado 44), eka-aluminio (debajo del aluminio, 68) y eka-silicio (debajo del silicio, 72).[5] Para el eka-aluminio llegó a calcular, además del peso, una densidad de alrededor de 5,9 gramos por centímetro cúbico.[3]

Lo que predijo Mendeléiev contra lo que se encontró
Nombre provisionalPeso atómico predichoElemento realAño del hallazgo
Eka-boro44Escandio1879
Eka-aluminio68 (densidad ≈5,9)Galio1875
Eka-silicio72Germanio1886

Fuente: Pesos predichos: arXiv physics/0411080 (tabla de 1871) y RSC (densidad del eka-aluminio). Elementos reales: Boisbaudran (1877), RSC, Linda Hall Library.

El galio, la primera prueba

La confirmación llegó seis años después, y de una manera que ni Mendeléiev pudo haber planeado. El químico francés Paul Émile Lecoq de Boisbaudran estudiaba una muestra de blenda de zinc de los Pirineos con un espectroscopio —un instrumento que descompone la luz que emite una sustancia calentada en líneas de colores, cada una una huella digital de un elemento— cuando, la madrugada del 27 de agosto de 1875, vio dos líneas violetas que no correspondían a ningún elemento conocido.[2] Lo llamó galio, en honor a Francia, y en noviembre de ese año logró aislar una pequeña cantidad del metal puro por electrólisis.

Cuando Boisbaudran publicó sus mediciones completas del nuevo metal, la densidad que había determinado —dos lecturas de 5,90 y 5,97 gramos por centímetro cúbico, con una media de 5,935— coincidía casi exactamente con el valor que Mendeléiev había calculado seis años antes sin haber visto jamás el elemento. El propio Boisbaudran lo reconoció en su artículo: “la previsión de Mendeléiev queda así exactamente verificada”.[2] Hoy el valor aceptado para la densidad del galio sólido es 5,91 g/cm³, prácticamente el mismo número.[3]

De la predicción a los tres elementos
  1. 1869
    La tabla y la predicción

    Mendeléiev presenta su ordenamiento y anuncia que faltan elementos por descubrir.

  2. 1875
    Galio

    Lecoq de Boisbaudran lo detecta por espectroscopia en Francia: era el eka-aluminio.

  3. 1879
    Escandio

    Lars Fredrik Nilson lo aísla en Suecia, sin saber que confirmaba el eka-boro.

  4. 1886
    Germanio

    Clemens Winkler lo encuentra en un mineral de plata en Alemania: el eka-silicio.

Fuente: Lecoq de Boisbaudran (1877); Linda Hall Library (Nilson); arXiv physics/0411080.

Cuatro años después del galio llegó la segunda confirmación, y por una vía igual de inesperada: el sueco Lars Fredrik Nilson, que ni siquiera conocía la tabla de Mendeléiev, aisló en 1879 un óxido nuevo al que llamó escandia, en honor a Escandinavia. El elemento que contenía, el escandio, tenía un peso atómico de 44: el número exacto del eka-boro. Fue otro químico sueco, Per Teodor Cleve, quien se dio cuenta de la coincidencia y avisó a Mendeléiev.[4]

La tercera llegó en 1886, cuando el alemán Clemens Winkler encontró un elemento nuevo en un mineral de plata llamado argirodita, en una mina cerca de Freiberg. Lo llamó germanio. Su peso atómico y sus propiedades coincidían con los del eka-silicio que Mendeléiev había descrito diecisiete años antes.

Cómo lo sabemos

La prueba de que Mendeléiev no acertó por casualidad no está en lo que escribió en 1869, sino en lo que escribieron después los químicos que encontraron los elementos sin estar buscando confirmar a nadie. Lecoq de Boisbaudran llegó al galio por espectroscopia pura: calentó una muestra de blenda de zinc, miró su espectro de líneas y encontró dos rayas violetas que no pertenecían a ningún elemento del catálogo. Esa técnica, inventada apenas quince años antes por Robert Bunsen y Gustav Kirchhoff, permitía identificar elementos por trazas minúsculas, mucho antes de poder aislarlos en cantidad. Nilson llegó al escandio por química analítica clásica, separando óxidos de tierras raras de un mineral escandinavo, y ni siquiera relacionó su hallazgo con Mendeléiev: fue un colega el que hizo la conexión después. Winkler llegó al germanio analizando un mineral de plata que tenía un 7 % de un elemento que no cuadraba con ningún elemento conocido.

En los tres casos el procedimiento fue el mismo: aislar el elemento, medir su peso atómico y su densidad con la balanza y los métodos de química analítica de la época —precisos, pero manuales, sin el respaldo de la física atómica que llegaría recién en el siglo XX— y comparar esos números con los que Mendeléiev había publicado antes de que el elemento existiera para la ciencia. La coincidencia en el caso del galio fue tan ajustada (5,935 contra una predicción de 5,9) que el propio descubridor la señaló como prueba a favor de la tabla, no solo del elemento nuevo. Eso es lo que distingue una predicción científica de una descripción: se puede verificar con un número que todavía nadie midió. No hubo manera de “hacer trampa” ajustando la predicción después del hallazgo, porque el papel de 1869 ya estaba publicado y circulando por Europa antes de que cualquiera de los tres metales pasara por un laboratorio.

El sueño que no fue el origen

Es común leer que a Mendeléiev se le apareció la tabla completa en un sueño, después de tres días sin dormir tratando de ordenar los elementos. La anécdota existe —la contó el propio Mendeléiev años más tarde— pero no explica el descubrimiento: para 1869 llevaba casi una década trabajando el problema, desde el Congreso de Karlsruhe de 1860, donde los químicos europeos se pusieron de acuerdo por primera vez sobre cómo calcular los pesos atómicos. Sin esa base común no habría habido tabla, soñada o no. Los historiadores de la ciencia tratan el sueño como una historia que Mendeléiev puede haber embellecido con el tiempo —era un buen narrador de su propia leyenda— y no como el método real por el que llegó a su ordenamiento.

Tampoco es cierto que Mendeléiev haya sido el único en proponer algo así. El químico alemán Lothar Meyer publicó, casi en simultáneo, una tabla basada en el volumen atómico que agrupaba los elementos de forma muy parecida. La diferencia que inclinó la balanza a favor de Mendeléiev no fue la tabla en sí, sino la apuesta de dejar huecos con números concretos donde la evidencia todavía no alcanzaba, y estar dispuesto a que esos números se pudieran comprobar o refutar. De las casi veinte predicciones que hizo a lo largo de su carrera, no todas acertaron: pero las tres que sí —galio, escandio y germanio— alcanzaron para convencer a la comunidad científica de que el orden que había encontrado no era casualidad.

Otras preguntas

¿Es verdad que a Mendeléiev se le ocurrió la tabla en un sueño?

Él mismo contó esa anécdota años después, pero llevaba pensando en cómo ordenar los elementos desde al menos 1860, cuando el Congreso de Karlsruhe fijó los pesos atómicos. Los historiadores de la química la tratan como una historia que Mendeléiev pulió con el tiempo, no como el origen real del descubrimiento.

¿Mendeléiev fue el único que propuso una tabla periódica?

No. El alemán Lothar Meyer publicó una ordenación muy parecida casi al mismo tiempo, basada en el volumen atómico. La diferencia que le dio la razón a Mendeléiev fue que él se animó a dejar huecos y poner números concretos donde todavía no había elemento descubierto.

¿Por qué el galio se llama así?

Lecoq de Boisbaudran lo nombró en 1875 en honor a Francia (Gallia, su nombre latino), aunque también se bromeó en su momento con que jugaba con su propio apellido (coq, 'gallo' en francés, se dice gallus en latín).

¿Cuántos elementos predijo Mendeléiev en total?

Hizo alrededor de una veintena de predicciones a lo largo de los años. Tres se confirmaron con una precisión notable (galio, escandio, germanio); otras fueron imprecisas o directamente erróneas, como elementos que nunca existieron en el lugar donde él los ubicó.

Fuentes

  1. Dmitri Mendeléiev. On the Relationship of the Properties of the Elements to their Atomic Weights (resumen alemán de 1869, traducción al inglés) . Zeitschrift für Chemie, 12: 405-406 (1869). primaria Las ocho conclusiones del primer anuncio; la 6ª predice 'nuevos elementos, análogos de Si y Al, con pesos atómicos de 65 a 75'.
  2. Paul Émile Lecoq de Boisbaudran. Caractères chimiques et spectroscopiques d'un nouveau métal, le gallium (traducción al inglés) . Annales de Chimie, serie 5, vol. 10: 100-141 (1877). primaria Primera observación el 27 de agosto de 1875; densidad medida 5,90 y 5,97 (media 5,935); cita textual: 'la previsión de Mendeléiev queda así exactamente verificada'.
  3. Gallium — Element information, properties and uses . Royal Society of Chemistry. Mendeléiev predijo peso atómico ≈68 y densidad ≈5,9 g/cm³ para el 'eka-aluminio'; la densidad real aceptada hoy es 5,91 g/cm³.
  4. Scientist of the Day: Lars Fredrik Nilson . Linda Hall Library. Nilson descubrió el escandio en 1879 con peso atómico 44, coincidente con el 'eka-boro'; fue Per Teodor Cleve quien notó la coincidencia con la tabla de Mendeléiev.
  5. Mendeleev and the Periodic Table of Elements . arXiv (historia de la química). Reproduce la tabla de predicciones de 1871 con los cuatro pesos atómicos: eka-boro 44, eka-aluminio 68, eka-silicio 72, eka-manganeso 100.

Publicado el 6 de octubre de 2026. Revisado contra las fuentes el . ¿Ves un error? Avísanos.

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