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Récords y escalas Discutido

¿Cuál fue el sonido más fuerte de la historia?

La respuesta corta

La erupción del volcán Krakatoa, el 27 de agosto de 1883, produjo el sonido más fuerte jamás documentado: se escuchó a más de 4.800 km, en la isla Rodrigues, y su onda de presión le dio la vuelta a la Tierra, registrada por barógrafos de más de 50 estaciones durante cinco días.

Discutido: La distancia a la que se oyó y la onda de presión registrada por los barógrafos están bien documentadas; la cifra de decibeles que suele citarse (172 dB o más) es un cálculo posterior y no figura en los registros científicos originales del evento.

Fuente principal: Symons GJ (ed.), Report of the Krakatoa Committee of the Royal Society (1888) (2 fuentes) Revisado el · Cómo verificamos

Litografía de la erupción del volcán Krakatoa en 1883, con una columna de humo y ceniza
Foto: Lithograph: Parker & Coward, Britain; · Dominio público · Wikimedia Commons

Un sonido que cruzó un tercio del planeta

El 27 de agosto de 1883, el volcán Krakatoa, en el estrecho entre Java y Sumatra (Indonesia), produjo una serie de explosiones que destruyeron buena parte de la isla. La más grande de todas se escuchó muchísimo más lejos de lo que cualquier sonido se había documentado antes o después: observadores en la isla Rodrigues, en pleno océano Índico —a 600 km al este de Mauricio y a más de 4.800 kilómetros del volcán—, reportaron oír algo parecido a disparos de cañón lejanos, sin saber que era la onda de una erupción al otro lado del mundo.[2]

El comité que la Royal Society de Londres formó para investigar el fenómeno recopiló, solo entre relatos considerados confiables, 84 reportes de observadores en tierra y 15 de bitácoras de barcos, todos a una distancia mínima de 30 km del volcán. De esos, 53 venían de más de 1.500 km de distancia y 16 de más de 3.000 km.[2] Es la distancia más grande a la que se tiene constancia de que un sonido producido por una explosión se haya escuchado y quedado documentado con ese nivel de detalle.

La marca que dejó en el aire de todo el mundo

Además de oírse directamente cerca, la explosión generó una onda de presión en la atmósfera —muy por debajo de la frecuencia que el oído humano puede captar a esa distancia— que se propagó en todas direcciones y quedó registrada en los barógrafos (barómetros que dibujan la presión de forma continua en papel) de más de 50 estaciones meteorológicas de todo el planeta.[1][2] Comparando cuándo llegó esa onda a cada estación, el comité pudo reconstruir su recorrido:

El viaje de la onda de presión del Krakatoa
  1. +4 h
    Calcuta

    Primer paso de la onda de presión, detectado por el barógrafo local.

  2. +6 h
    Tokio

    La onda sigue expandiéndose desde Indonesia hacia el este.

  3. +10 h
    Viena

    La onda avanza hacia el oeste, en dirección opuesta.

  4. +15 h
    Nueva York

    Primera llegada a América, tras converger cerca del punto antípoda al Krakatoa (en Colombia).

  5. +23 a 32 h
    Segundo paso: Nueva York, Viena, Tokio y Calcuta otra vez

    La onda, que había seguido de largo tras cruzar el globo, vuelve a pasar por las mismas estaciones en sentido contrario.

  6. hasta 121 h (5 días)
    Glasgow registra siete pasajes en total

    A las 11, 25, 48, 59, 84, 94 y 121 horas, cada vez más débil, hasta perderse en el ruido normal de la presión atmosférica.

Fuente: Gabrielson (2010), Acoustics Today, sobre datos del informe de la Royal Society (Symons, 1888)

Cada circuito completo alrededor del planeta le llevó a la onda, en números redondos, un día y medio, a una velocidad aparente de entre 300 y 325 metros por segundo según la estación y la dirección —cercana a la velocidad normal del sonido—.[2] La magnitud del pico de presión que se registró en las estaciones más lejanas, en el primer paso, fue de apenas decenas a unos pocos cientos de pascales: unas pocas décimas de un uno por ciento de la presión atmosférica normal.[2] Es una variación minúscula comparada con el paso de una tormenta, pero lo bastante clara y repetida en el mismo instante en observatorios de medio mundo como para no dejar dudas de su origen común.

Cómo lo sabemos

En 1883 no existía ningún instrumento para medir el volumen de un sonido en decibeles —esa escala se inventó recién en los años 1920, en los laboratorios Bell—. Lo que sí existía, y es la base de todo lo que se sabe hoy sobre el Krakatoa, era el barógrafo: un barómetro mecánico que apoya una aguja sobre un papel enrollado en un tambor que gira a velocidad constante, dejando un trazo continuo de cómo sube y baja la presión del aire. Son instrumentos pensados para el pronóstico del tiempo, no para medir explosiones, pero registraron sin saberlo el paso de la onda del Krakatoa como una desviación clara y puntiaguda sobre el trazo normal de cada día.

Después de la erupción, el comité de la Royal Society, formado en enero de 1884, pidió esos papeles a observatorios meteorológicos de todo el mundo —más de 50 terminaron aportando registros— y los comparó para marcar con precisión el instante en que la misma onda pasaba por cada uno. Así pudieron calcular la velocidad de propagación y confirmar que la onda daba la vuelta completa al planeta, chocando consigo misma cerca del punto antípoda al volcán (en Colombia) antes de seguir viaje. En paralelo, el comité cruzó cientos de relatos de testigos y bitácoras de barcos para separar los reportes de sonido creíbles —como el de Rodrigues— de los dudosos; solo los que pasaban ese control entraron en la tabulación final. Más de un siglo después, en 2010, el acústico Thomas Gabrielson revisó esos mismos datos con herramientas modernas de física de ondas y confirmó las cifras del informe original, esta vez expresadas en las unidades correctas para esta clase de fenómeno: pascales de presión, metros por segundo de velocidad, minutos de período de onda.

Lo que se suele decir mal

Es común leer que la explosión del Krakatoa alcanzó “172 decibeles a 160 kilómetros” o incluso cifras de “300 decibeles o más”. Esos números circulan mucho, pero no aparecen ni en el informe original de la Royal Society de 1888 ni en el reanálisis científico de 2010: ninguno de los dos menciona una sola vez la palabra “decibel”, porque esa escala no existía cuando se tomaron los datos y porque lo que se registró —presión en pascales, no volumen sonoro— no se tradujo nunca, en ninguna fuente abierta y verificable, a una cifra de decibeles rigurosa. Son extrapolaciones posteriores, hechas a partir de una lectura de un gasómetro que ni siquiera figura con un valor numérico claro en las fuentes consultadas para este artículo. Además, pasados los 194 decibeles, una perturbación en la atmósfera terrestre deja de comportarse como un sonido común y se convierte en una onda de choque, así que cifras como “300 dB” quedan, en sentido estricto, fuera de lo que la escala de decibeles para sonido puede describir. Lo que sí está documentado con solidez —que se oyó a 4.800 km y que su onda de presión recorrió el planeta durante cinco días— ya alcanza de sobra para llamarlo el sonido más fuerte de la historia, sin necesidad de inventarle un número de decibeles.

Otras preguntas

¿Cómo supieron que la onda de presión le dio la vuelta al planeta?

Porque los barógrafos (barómetros que dibujaban la presión en papel de forma continua) de estaciones repartidas por todo el mundo registraron el mismo pico de presión pasando varias veces, separado por intervalos regulares de alrededor de un día y medio: el tiempo que tardaba la onda en dar una vuelta completa.

¿A qué velocidad viajó la onda de presión del Krakatoa?

A unos 300-325 metros por segundo según la estación y la dirección, una velocidad cercana a la del sonido normal en el aire. Cada circuito completo alrededor del planeta tardó aproximadamente 36 horas.

¿Por qué dejaron de oírse las explosiones cerca del volcán poco después de la más fuerte?

Es un dato llamativo del propio informe de 1888: en varios lugares próximos al Krakatoa, los testigos dejaron de oír las explosiones poco después de la más grande, aunque se sabe que el volcán siguió en erupción con fuerza. El comité de la Royal Society especuló que la ceniza expulsada pudo haber bloqueado el sonido en esa zona.

¿Qué es un barógrafo?

Un barómetro que, en vez de dar solo una lectura puntual, dibuja la presión atmosférica de forma continua sobre un papel enrollado a un tambor giratorio. Gracias a esos trazados, conservados en más de 50 observatorios, se pudo reconstruir hora por hora cómo avanzó la onda de presión del Krakatoa por todo el planeta.

Fuentes

  1. Symons GJ (ed.). The Eruption of Krakatoa and Subsequent Phenomena . Report of the Krakatoa Committee of the Royal Society, Trübner and Co., London (1888). primaria Informe original con los relatos de sonido escuchado (incluido Rodrigues, 'more than 2,500 miles') y las curvas de barógrafo de más de 50 estaciones.
  2. Gabrielson TB. Krakatoa and the Royal Society: The Krakatoa Explosion of 1883 . Acoustics Today, 6(2): 14-19 (Acoustical Society of America) (2010). primaria Reanálisis con física moderna de los datos del informe de 1888: distancia de 4.800 km a Rodrigues, horarios de llegada de la onda y sus siete pasajes por Glasgow.

Publicado el 11 de octubre de 2026. Revisado contra las fuentes el . ¿Ves un error? Avísanos.

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