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Animales Discutido

¿Cómo vuelven a casa las palomas mensajeras?

La respuesta corta

Las palomas mensajeras combinan al menos 4 sistemas que se refuerzan entre sí: una brújula solar, un sentido magnético que pesa más bajo cielo nublado, un mapa de olores aprendido en el palomar y, en rutas conocidas, la memoria del paisaje; cuál domina en cada vuelo sigue discutido.

Discutido: No hay un único sentido que explique la orientación de las palomas: el sol, el campo magnético, el olfato, el infrasonido y el paisaje aportan pistas distintas, y cuál pesa más varía según el estudio, el lugar y la experiencia del ave.

Fuente principal: Keeton, Proceedings of the National Academy of Sciences (1971) (4 fuentes) Revisado el · Cómo verificamos

Varias brújulas, no una sola

Durante casi un siglo se buscó “el” sentido de las palomas mensajeras. La evidencia dice que no hay uno solo: usan varios sistemas que se complementan y, según las condiciones, se reemplazan entre sí.

El primero en probarse con un experimento contundente fue el sentido magnético. En 1971, William Keeton pegó imanes al lomo de palomas experimentadas de Cornell y las liberó a 27-50 km del criadero. Bajo cielo totalmente cubierto —sin sol como referencia— las palomas con imán se desorientaban; las mismas palomas, liberadas con sol despejado, volvían sin problema.[1] La lectura es directa: cuando el sol no está disponible, las palomas recurren al campo magnético terrestre como brújula de repuesto. En palomas que volaban por primera vez, en cambio, el imán las desorientó incluso con sol, señal de que la experiencia mejora qué tan bien se apoyan en cada pista.

El segundo sistema es el olfato. Desde los experimentos de Papi en los años setenta, palomas a las que se les bloquea el olfato (o se les corta el nervio correspondiente) fallan en volver cuando se las suelta en un sitio que no conocen, aunque en sitios familiares se orienten sin problema.[2] La hipótesis, reforzada después con rastreo GPS y estudios de activación cerebral, es que las palomas aprenden en el palomar qué olores trae cada dirección del viento y arman con eso un mapa de olores del entorno; al llegar a un lugar nuevo, comparan el olor local con ese mapa para calcular hacia dónde queda casa.

El tercero no es una brújula sino una memoria: el paisaje. Un equipo de Oxford equipó palomas con GPS de altísima precisión (una posición por segundo, con 4 metros de margen de error) y las soltó una y otra vez desde el mismo punto, a unos 5 km del palomar.[3] Con la repetición, cada paloma desarrolló su propia ruta, fija vuelo tras vuelo, que seguía caminos, ríos o líneas de árboles, aunque no fuera el camino más corto: en la repetición más entrenada, las palomas de ese estudio volaban en promedio 1,3 km de más sobre los 5 km directos. La ruta aprendida, una vez fijada, le gana a la ruta más corta.

Tres experimentos clásicos sobre orientación de palomas
EstudioQué probaronMétodoResultado
Keeton, 1971Sentido magnéticoImán pegado al lomo, liberación a 27-50 kmDesorientación solo bajo cielo cubierto
Gagliardo, 2013 (revisión)OlfatoBloqueo del olfato, liberación en sitio desconocidoSin olfato, no encuentran el camino
Meade, Biro y Guilford, 2005Memoria del paisajeGPS de 1 Hz, liberaciones repetidas a 5 kmRutas propias y fijas, no la más corta

Fuente: Keeton (1971); Gagliardo (2013); Meade, Biro y Guilford (2005).

Cómo lo sabemos

Cada sistema se probó quitándolo o interfiriéndolo y midiendo qué pasaba con la orientación, no solo observando palomas que volvían bien. Con el campo magnético, Keeton comparó palomas con un imán (que altera el campo magnético percibido) contra palomas de control con un trozo de latón del mismo peso pegado en el mismo lugar; la diferencia solo aparecía sin sol, lo que descarta que el peso extra por sí solo explicara la desorientación. Con el olfato, décadas de estudios en distintos países repitieron el mismo patrón —anosmia más liberación en sitio desconocido igual a desorientación— con distintos métodos para anular el olfato, lo que reduce la chance de que sea un efecto secundario de una sola técnica.

El caso del paisaje se probó con tecnología más reciente: GPS miniatura que no existía en los años setenta. Grabar la trayectoria exacta, metro a metro, permitió ver algo que no se podía ver contando solo si la paloma volvía o no: que la ruta se vuelve una costumbre, no solo un cálculo de dirección. Con clock-shifting (adelantar o atrasar el reloj interno del ave para desfasar su brújula solar) en conflicto con el paisaje conocido, las palomas experimentadas siguieron el paisaje aunque su brújula solar “dijera” otra dirección, lo que muestra que la ruta aprendida puede pesar más que el cálculo solar una vez que el ave la conoce bien.

Queda un caso que ilustra cuánto falta por resolver: entre 1968 y 1987, las palomas del palomar de Cornell se desorientaban de forma sistemática al soltarlas en un punto llamado Jersey Hill, mientras que palomas de otros palomares se orientaban bien ahí mismo. Ni el sol, ni el magnetismo, ni el olfato explicaban por qué. En 2013, un modelo de cómo se propaga el infrasonido —sonidos gravísimos, por debajo de lo audible, generados por el oleaje oceánico y el viento sobre el terreno— mostró que Jersey Hill queda en una “sombra acústica” respecto del palomar de Cornell: el infrasonido de ese palomar en particular no llega bien hasta ahí.[4] Es un modelo, no un experimento con palomas vivas escuchando infrasonido, así que la hipótesis del infrasonido sigue siendo la menos probada de las cuatro.

Con esto en la mano, la imagen que mejor resiste hoy no es una sola brújula sino un sistema de respaldo: sol de preferencia, magnetismo si no hay sol, olores para calcular la dirección en sitios desconocidos, paisaje aprendido en rutas conocidas y, posiblemente, infrasonido como mapa de fondo. Cuál pesa más depende del ave, del lugar y de cuánto entrenamiento tenga en esa ruta puntual.

Lo que está discutido

Es común leer que las palomas “tienen una brújula magnética” como si fuera el único sentido que necesitan, o al revés, que “se guían por el sol” sin más. Ninguna de las dos simplificaciones alcanza: los cuatro experimentos de esta nota muestran cuatro sistemas distintos, probados por separado, y ninguno explica todos los casos por sí solo. El más débil de los cuatro es el infrasonido: la propuesta de 2013 es un modelo estadístico sobre datos históricos de liberaciones, no un experimento donde se interfiera el infrasonido en palomas vivas y se mida qué pasa, que es el estándar que sí se cumplió con los imanes y con la anosmia. Por eso el infrasonido se presenta acá como hipótesis en estudio, no como hecho confirmado, y por eso sigue habiendo palomas que se pierden en condiciones donde, según lo que se sabe hoy, no deberían perderse.

Otras preguntas

¿Las palomas usan siempre el mismo sentido?

No. Prefieren el sol cuando está visible y recurren al campo magnético cuando está nublado, según los experimentos de Keeton con imanes; además, las aves con experiencia en una ruta se apoyan más en el paisaje que las novatas.

¿Qué es el caso Jersey Hill?

Desde los años 60, las palomas del criadero de Cornell se desorientaban sistemáticamente al soltarlas en ese punto, mientras que palomas de otros criaderos se orientaban bien ahí mismo; un modelo de 2013 propone que el lugar queda fuera del alcance del infrasonido del criadero de origen.

¿Pueden volver de un lugar donde nunca estuvieron?

Sí, siempre que puedan usar el sol, el campo magnético o los olores aprendidos cerca de casa para calcular la dirección; lo que no pueden hacer sin haber volado antes la ruta es seguir un paisaje que no conocen.

¿Por qué a veces se pierden igual?

Porque estos sistemas tienen margen de error y a veces se contradicen entre sí (por ejemplo, una anomalía magnética local o un cielo cubierto sin viento con olor estable); ahí es donde más palomas no vuelven.

Fuentes

  1. Keeton WT. Magnets Interfere with Pigeon Homing . Proceedings of the National Academy of Sciences, 68(1): 102-106 (1971). primaria Palomas expertas con un imán en el lomo, liberadas a 27-50 km, se desorientaron bajo cielo cubierto pero no con sol despejado.
  2. Gagliardo A. Forty years of olfactory navigation in birds . Journal of Experimental Biology, 216(12): 2165-2171 (2013). primaria Las palomas sin olfato no encuentran el camino desde sitios desconocidos: revisión de 40 años de experimentos.
  3. Meade J, Biro D, Guilford T. Homing pigeons develop local route stereotypy . Proceedings of the Royal Society B, 272(1558): 17-23 (2005). primaria GPS a ±4 m: 15 palomas desarrollaron rutas propias y repetidas, cada vez menos variables con la práctica.
  4. Hagstrum JT. Atmospheric propagation modeling indicates homing pigeons use loft-specific infrasonic 'map' cues . Journal of Experimental Biology, 216(5): 687-699 (2013). primaria Modelo de infrasonido explica la desorientación sistemática de palomas de Cornell en el sitio Jersey Hill (1968-1987).

Publicado el 30 de septiembre de 2026. Revisado contra las fuentes el . ¿Ves un error? Avísanos.

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