¿Por qué no podemos hacernos cosquillas a nosotros mismos?
La respuesta corta
Porque el cerebro usa una copia de la orden de mover la mano para predecir el roce que va a producir y le resta intensidad a la sensación. Si un robot retrasa 200 milisegundos el roce respecto del movimiento, la predicción falla y las cosquillas vuelven a sentirse.

El cerebro se adelanta a tu mano
Cada vez que te mueves, el cerebro no solo manda la orden a los músculos: guarda una copia y, con ella, calcula qué vas a sentir. Es lo que los neurocientíficos llaman un modelo interno. Cuando la sensación que llega coincide con la predicha, el cerebro la trata como poco importante y la atenúa. Así distingue lo que te hace el mundo de lo que te haces tú.[4]
Las cosquillas son el caso más claro. Sarah-Jayne Blakemore, Daniel Wolpert y Chris Frith, del University College London, demostraron a fines de los noventa que un roce producido por uno mismo se siente menos cosquilloso, menos intenso y menos agradable que el mismo roce producido desde afuera.[1] No es que no se sienta nada: se siente, pero con el volumen bajado.
La orden de mover la mano va a los músculos y, en copia, a un sistema que predice el roce; el cerebelo participa en esa predicción. El cerebro resta lo predicho a lo que llega. Si coinciden, queda poco. Si un robot desfasa el roce en el tiempo o en la dirección, la resta falla y las cosquillas vuelven. Fuente: Blakemore, Wolpert y Frith (1998, 1999, 2000).
El experimento del robot
La prueba más fuerte de que se trata de una predicción, y no simplemente de saber que eres tú, vino de un montaje con dos robots. El voluntario movía con la mano izquierda el brazo de un robot; ese movimiento se transmitía a un segundo robot, que pasaba un trozo de espuma blanda por la palma de su mano derecha. Así los investigadores podían meter, por computadora, un retraso entre el movimiento y el roce, o girar la dirección del roce respecto de la del movimiento, sin cambiar nada más.[1]
| Qué se cambió | Cuánto | Cosquillas |
|---|---|---|
| Nada: roce propio | 0 ms, 0° | Menos que un roce ajeno |
| Retraso | 100 ms | Suben |
| Retraso | 200 y 300 ms | Como un roce ajeno |
| Giro de dirección | 30° y 60° | Suben |
| Giro de dirección | 90° | Como un roce ajeno |
Fuente: Blakemore, Frith y Wolpert (1999), Journal of Cognitive Neuroscience. 16 voluntarios.
Con 200 milisegundos de retraso, la calificación ya no se distinguía estadísticamente de la de un roce producido por el robot solo; con un giro de 90°, tampoco. Lo notable es que 14 de los 16 voluntarios dijeron después que no habían notado ningún retraso.[1] La mano izquierda hacía exactamente el mismo movimiento y la derecha recibía exactamente el mismo roce: lo único que cambiaba era la coincidencia entre lo predicho y lo que llegaba.
Cómo lo sabemos
La idea es vieja: en 1971, Weiskrantz y sus colegas ya habían mostrado que un estímulo en la planta del pie resulta menos cosquilloso si lo produce uno mismo.[1] Lo que agregó el grupo de Londres fue medir el mecanismo.
En el experimento del robot, 16 voluntarios diestros de 19 a 30 años calificaron cada roce en varias escalas (cosquilloso, intenso, agradable, doloroso, irritante), y no solo en la de cosquillas, para no inducir la respuesta. La diferencia entre roce propio y ajeno fue muy clara (p < 0,0001), y la calificación subió de forma significativa de 0 a 100 y de 100 a 200 milisegundos de retraso.[1]
Para ver qué pasa adentro de la cabeza usaron resonancia magnética funcional. Seis voluntarios, acostados en el escáner, movían con la mano derecha una varilla de 70 centímetros con una espuma en la punta que rozaba su palma izquierda, subiendo y bajando 1,5 centímetros dos veces por segundo; otras veces la movía el experimentador desde el otro extremo. Con 200 imágenes por sesión, compararon cuatro situaciones: roce propio, roce ajeno, movimiento sin roce y reposo. La corteza somatosensorial, la que procesa el tacto, se activó menos con el roce propio. Y en el cerebelo apareció menos actividad cuando el movimiento producía un roce que cuando no lo producía, lo que sugiere que ahí se compara la predicción con lo que llega.[2] Un análisis posterior de los mismos datos mostró que el cerebelo se acopla con la corteza somatosensorial solo cuando el roce es propio.[3]
La incertidumbre está en el último paso: los escáneres muestran correlaciones, no que el cerebelo calcule la predicción. Es la interpretación más aceptada, no algo demostrado de forma directa.[4]
Lo que se suele decir mal
“Es imposible hacerse cosquillas.” No del todo: el roce propio se siente, pero atenuado. Y con un pequeño desfase, como en el experimento del robot, las cosquillas vuelven.[1]
“Es porque ya sabes que eres tú.” Saber no alcanza. En el experimento del robot los voluntarios sabían siempre que el roce venía de su propia mano; aun así, un retraso que casi nadie notaba bastaba para devolver las cosquillas. Lo que importa es la coincidencia fina en tiempo y dirección entre la predicción y la sensación.[1]
“Nadie puede hacerse cosquillas.” Hay una excepción documentada: en un estudio de 2000, pacientes con alucinaciones auditivas o con la vivencia de que otro controla sus actos calificaron igual el roce propio y el ajeno. Los autores lo interpretan como una falla en el mecanismo que separa lo propio de lo externo, ligada a esos síntomas y no al diagnóstico de esquizofrenia en sí.[5]
Otras preguntas
¿Hay personas que sí pueden hacerse cosquillas?
Sí. En un estudio de 2000, pacientes psiquiátricos con alucinaciones auditivas o con la sensación de que sus actos los controla otro calificaron igual el roce propio y el ajeno. La diferencia dependía de esos síntomas, no del diagnóstico de esquizofrenia.
¿Qué parte del cerebro frena las cosquillas propias?
En resonancia magnética, la corteza somatosensorial y la corteza cingulada anterior se activan menos cuando el roce es propio. El cerebelo aparece como candidato a generar la predicción del roce, aunque esa parte es una inferencia a partir de correlaciones.
¿La gente nota un retraso de 200 milisegundos?
Casi nadie. En el experimento del robot, 14 de los 16 voluntarios dijeron no haber notado ningún retraso, y aun así calificaron el roce demorado como más cosquilloso.
Fuentes
- Blakemore SJ, Frith CD, Wolpert DM. Spatio-temporal prediction modulates the perception of self-produced stimuli . Journal of Cognitive Neuroscience, 11(5): 551-559 (1999). primaria 16 voluntarios, dos robots: las cosquillas aumentan con retrasos de 0 a 200 ms y con giros de 0 a 90° entre el movimiento y el roce.
- Blakemore SJ, Wolpert DM, Frith CD. Central cancellation of self-produced tickle sensation . Nature Neuroscience, 1(7): 635-640 (1998). primaria Resonancia magnética funcional en 6 voluntarios: la corteza somatosensorial se activa menos con el roce propio; el cerebelo, implicado en la predicción.
- Blakemore SJ, Wolpert DM, Frith CD. The cerebellum contributes to somatosensory cortical activity during self-produced tactile stimulation . NeuroImage, 10: 448-459 (1999). primaria El cerebelo modula la actividad de la corteza somatosensorial solo cuando el roce es propio.
- Blakemore SJ, Wolpert D, Frith C. Why can't you tickle yourself? . NeuroReport, 11(11): R11-R16 (2000). Revisión del modelo predictivo: corteza somatosensorial y cingulada anterior, y el papel del cerebelo.
- Blakemore SJ, Smith J, Steel R, Johnstone CE, Frith CD. The perception of self-produced sensory stimuli in patients with auditory hallucinations and passivity experiences . Psychological Medicine, 30(5): 1131-1139 (2000). primaria Pacientes con alucinaciones auditivas o vivencias de pasividad no sienten distinto el roce propio y el ajeno.
Publicado el 30 de septiembre de 2026. Revisado contra las fuentes el . ¿Ves un error? Avísanos.
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