¿Por qué las serpientes sacan la lengua?
La respuesta corta
Para oler: con cada lengüetazo la serpiente atrapa moléculas de olor del aire y del suelo y las lleva al órgano vomeronasal, en el paladar. La lengua oscila de 3 a 11 veces por salida, a 1 a 3 metros por segundo, y crea remolinos que acercan el olor a las puntas.

Una lengua para oler
La lengua de una serpiente no sirve para saborear la comida ni para amenazar: es la mitad de un sentido del olfato. Cuando sale, su superficie húmeda atrapa moléculas del aire y del suelo; cuando vuelve a la boca, esas moléculas llegan al órgano vomeronasal, también llamado órgano de Jacobson.[3] Es un par de cavidades sensibles a sustancias químicas que se abren por dos conductos en la parte delantera del paladar.[4]
Cómo pasan las moléculas de la lengua al órgano se estudió en lagartos, que tienen el mismo sistema: al cerrar la boca, la lengua queda apretada contra el piso y el techo y funciona como un pistón que empuja el líquido cargado de olor hacia los conductos, casi al instante.[4] Según Schwenk, ese sentido les sirve para seguir rastros de presas y de otras serpientes, y cumple un papel en la reproducción.[1]
No es un movimiento cualquiera
Filmada en cámara lenta, un lengüetazo no es una simple salida y entrada. La lengua oscila varias veces, en arco, delante de la cabeza. William Ryerson y Kurt Schwenk, de la Universidad de Connecticut, filmaron a alta velocidad a cinco especies de culebras y midieron el aire alrededor de la lengua con una técnica llamada velocimetría de partículas.[3] En todas encontraron el mismo patrón: las oscilaciones generan remolinos y corrientes de aire que, según los autores, maximizan la cantidad de moléculas que llegan a la mucosa de la lengua.
| Especie | Tamaño | Oscilaciones por lengüetazo | Velocidad de la punta |
|---|---|---|---|
| Culebra corredora (Coluber constrictor) | La más grande del estudio | 3 a 4 | 1 m/s |
| Culebra parda (Storeria dekayi) | La más chica del estudio | 9 a 11 | 3 m/s |
Fuente: Ryerson y Schwenk, resumen de congreso de la Society for Integrative and Comparative Biology.
Las especies chicas compensan su tamaño con lenguas proporcionalmente más grandes, más rápidas y con más oscilaciones. El resultado es el mismo flujo de aire en todas, lo que sugiere que ese flujo es lo que importa.[3]
¿Para qué dos puntas?
En 1994 Kurt Schwenk propuso en Science la explicación más citada: la lengua bífida sería un detector de bordes.[1] Como cada punta toca el suelo en un lugar distinto, la serpiente puede comparar dos muestras a la vez. Si la punta izquierda encuentra más olor que la derecha, el rastro está a la izquierda y la serpiente gira hacia ese lado. Schwenk reunió argumentos de anatomía, de conexiones nerviosas y de comportamiento, y notó que las lenguas bifurcadas aparecieron por separado al menos dos veces entre los lagartos y las serpientes —quizá cuatro— y siempre en especies que buscan activamente a sus presas.
Vista desde arriba, no a escala. Según Schwenk (1994), cada punta de la lengua toma una muestra en un lugar distinto; si una encuentra más olor que la otra, la serpiente gira hacia ese lado y se mantiene sobre el rastro. Un experimento de 2008 no encontró apoyo para esta idea en serpientes de cascabel. Fuente: Schwenk (1994); Parker, Young y Kardong (2008).
Cómo lo sabemos
La idea de Schwenk se puso a prueba en 2008. Michael Parker, Bruce Young y Kenneth Kardong cortaron en serpientes de cascabel el nervio vomeronasal de un solo lado, de modo que solo una mitad de la lengua seguía enviando información al cerebro.[2] Si las serpientes siguieran los rastros comparando las dos puntas, eso debía desorientarlas. No pasó nada: rastrearon a sus presas igual que antes en los siete parámetros medidos. Los autores concluyeron que, al menos para seguir a una presa, la lengua bífida quizás sirve para muestrear un área más ancha y medir cuánto olor hay, no para comparar lados.
Otra línea de experimentos muestra para qué se usa la lengua en la caza. Las serpientes muy venenosas, como las cascabeles, muerden a la presa, la sueltan, esperan a que el veneno haga efecto y después la buscan siguiendo su rastro, con una frecuencia de lengüetazos mucho mayor que la normal.[5] En un experimento de 1993, David Chiszar y sus colegas pusieron distintas sustancias en los labios de cascabeles de pradera: el agua y la piel de roedor no cambiaron nada, pero la sangre de roedor disparó los lengüetazos.[6] La mordida misma, al darles el gusto a sangre, parece encender la búsqueda.
Lo que se suele decir mal
“La lengua pica.” La lengua bífida intriga a la gente desde hace milenios, y su forma alimentó la idea de que es un arma. La lengua no tiene aguijón ni veneno: es un órgano de los sentidos.[1] El veneno, en las especies que lo tienen, entra con la mordida.[5]
“Sacan la lengua para saborear.” No exactamente: la lengua no analiza las moléculas, las transporta. Quien las detecta es el órgano vomeronasal, en el paladar.[4]
“Las dos puntas sirven para oler en estéreo.” Es la hipótesis más conocida y tiene buenos argumentos, pero no está demostrada: el único experimento directo con presas, en cascabeles, no la confirmó.[2] Por ahora, la pregunta sigue abierta.
Otras preguntas
¿La lengua de la serpiente pica o tiene veneno?
No. Es un órgano de los sentidos: sirve para captar moléculas de olor y llevarlas al órgano vomeronasal. El veneno, en las especies que lo tienen, entra con la mordida.
¿Qué es el órgano de Jacobson?
Es el nombre tradicional del órgano vomeronasal: un par de cavidades sensibles a sustancias químicas que en las serpientes y los lagartos se abren en el techo de la boca. Recibe las moléculas que trae la lengua.
¿Por qué las serpientes sacan más la lengua después de morder?
Porque están rastreando a la presa. Las especies muy venenosas sueltan al animal después de morderlo, esperan a que el veneno actúe y lo buscan siguiendo su olor, con muchos más lengüetazos que en reposo; en cascabeles, la sangre de la presa basta para disparar ese aumento.
Fuentes
- Schwenk K. Why snakes have forked tongues . Science, 263(5153): 1573-1577 (1994). primaria Propone la lengua bífida como detector químico de bordes para seguir rastros. Resumen oficial; texto completo cerrado.
- Parker MR, Young BA, Kardong KV. The forked tongue and edge detection in snakes (Crotalus oreganus): an experimental test . Journal of Comparative Psychology, 122(1): 35-40 (2008). primaria Con el nervio vomeronasal cortado de un lado, las cascabeles rastrean igual: ningún cambio en 7 parámetros.
- Ryerson WG, Schwenk K. The allometry of tongue-flicking mechanics in colubrid snakes . Society for Integrative and Comparative Biology, resumen de congreso 45.4. primaria Cinco especies filmadas a alta velocidad: de 3-4 oscilaciones a 1 m/s hasta 9-11 a 3 m/s; el mismo patrón de remolinos en todas.
- Filoramo NI, Schwenk K. The mechanism of chemical delivery to the vomeronasal organs in squamate reptiles: a comparative morphological approach . Journal of Experimental Zoology A, 311(1): 20-34 (2009). primaria Los órganos vomeronasales son pares y se abren en el paladar; en lagartos, la lengua empuja el fluido hacia ellos como un pistón.
- Cooper WE Jr. Foraging mode and evolution of strike-induced chemosensory searching in lizards . Journal of Chemical Ecology, 29(4): 1013-1026 (2003). Las serpientes muy venenosas muerden, sueltan la presa y la encuentran después siguiendo su rastro, con más lengüetazos.
- Chiszar D, Hobika G, Smith HM. Prairie rattlesnakes (Crotalus viridis) respond to rodent blood with chemosensory searching . Brain, Behavior and Evolution, 41(3-5): 229-233 (1993). primaria Solo la sangre de roedor en los labios aumenta la frecuencia de lengüetazos; el agua y la piel, no.
Publicado el 30 de septiembre de 2026. Revisado contra las fuentes el . ¿Ves un error? Avísanos.
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